EN EL CONGRESO ANUAL DE LA AATSP
ORLANDO, FLORIDA, 2026
Alex Lima Murillo
Suffolk County Community College
(J)ODA a Alex Aguinaga
borrosamente te recuerdo desde que eras chulla quiteño
hasta que te hiciste guerrero azteca —güero de corrida
intermitente, con ese desacelerar
burlabas la trampa del offside y el transcurrir del tiempo—
pase profundo al recuerdo de mis tardes
de domingo en Brooklyn, cuando el fútbol era
todavía un deporte de sujetos trasplantados /
te desprendías en mitad de cancha y quedabas solo
con todo el mundo por delante /
haciendo sombreritos conseguiste que nos hiciéramos
necaxistas como don Ramón /
y empezaste a salir por más canales de televisión
al igual que Hemingway, Cabeza de Vaca o Garibaldi
Aguinaga aparecía en todos los rincones del continente
y así, como si nada, transcurrieron diez años,
¡Cómo explotan a Aguinaga! —decía mi mujer—
¿acaso los futbolistas no tienen sindicato?
Así, paso a paso y con un centro preciso nos llevaste
al olimpo mundial, mago de un país imaginario, entras
por la izquierda y te internas por el flanco derecho
del recuerdo
Juan Carlos Galeano
Florida State University
Muchacha
Una muchacha que se baña en un río
acaba enamorándose de él.
Sus padres quisieran casarla con un automóvil;
mejor buscarle otro marido, quitársela a ese río.
“Puede que la relación con ese río incommode
a otros en el universe,” dicen algunos.
El viento y otros más famosos se molestan;
lo dicen en la radio, los muestran por televisión.
Se molesta el sol que viene con su panero
de yuquitas a saludarla en las mañanas.
Se enfurece una nube que trata de meterse
por su ventana para llevársela muy lejos.
Pero la muchacha desaparece, nadie sabe para dónde,
en brazos de su río.
Georgie Medina Marcano
University of Kentucky
Dos miradas
Hay dos miradas
que se encuentran
en el mar
y las olas las acarician.
En ella, la tristeza
de toda una vida.
En él, la promesa
de un amanecer.
Se buscan sin conocerse,
ella es morena y él es blanco.
Él la sueña exótica,
ella lo mira pensativa.
El destino los dejó
en aquella playa desierta,
llegaron sin permiso,
sin nada.
El silencio es lo que los une,
es un amor incompleto
pero verdadero.
Él la ama con el cerebro,
intensamente.
¿Será idealizado
o será eterno?
Sin nombre, sin pasado,
solo mar y dos miradas.
Dos extraños que se aman
sin decir nada.
El silencio los une,
incompleto y verdadero.
Él la ama, intensamente
o ese amor es pasajero.
Mónica Sarmiento-Archer
Adelphi University
La otra mitad
El aroma del café
llegó primero.
Antes de las palabras,
antes de los saludos,
incluso antes de que
la mañana se hubiera despejado por completo.
Cada fin de semana
la casa volvía a reunirse
alrededor de la misma mesa.
Las conversaciones cruzaban idiomas,
se repetían anécdotas,
viejas discusiones,
que ya se habían convertido en parte,
de los muebles desgastados,
por el uso familiar.
Los mayores servían,
pan y gratitud.
Los más jóvenes escuchaban,
sin saber que,
ellos también heredaban,
la ceremonia.
Durante años,
nadie imaginó
su fin.
Hasta que una mañana,
la vejez se incorporó a la conversación.
No como una tragedia.
Sino como una sombra lenta,
que tomaba asiento entre las tazas.
Entonces preguntó:
–Cuando mueran,
¿continuarán las reuniones?
Nadie respondió de inmediato.
El café seguía humeando,
entre sus manos.
Los ancianos bajaron la mirada,
como si ya comprendieran,
la secreta fragilidad,
de las familias.
Entonces llegó,
un profundo silencio,
casi avergonzado.
Y finalmente,
un no.
No por falta de afecto.
No por ausencia de amor.
Sino porque hay personas
que mantienen el mundo unido
sin que nadie se dé cuenta.
Los que llaman.
Los que insisten.
Los que preparan la mesa.
Los que mantienen vivo
el ritual del regreso.
Y cuando desaparecen,
algo más desaparece con ellos.
Los cuñados dejan de verse.
Las conversaciones se vuelven más distantes.
Los cumpleaños se olvidan.
Incluso los afectos genuinos
comienzan lentamente
a perderse.
Y entonces, un día,
sin que nadie lo decida,
la familia descubre
que el amor también
puede quedarse sin hogar.
Porque hay lazos
que no mueren de repente.
Simplemente
dejan de reunirse.
Los cuatro distinguidos poetas (centro) del cuarto recital anual de poesía de Sigma Delta Pi y la AATSP con los organizadores: Mark P. Del Mastro (izquierda) y Ben Fraser (derecha).
